Radiografía del colapso: la impericia de Melella lleva a la provincia al borde del precipicio

Con una caída del 15 % en la actividad económica, un déficit del 16 % y deudas coparticipables que superan los $ 29.000 millones con los municipios, los números desnudan el descalabro de una administración que incrementó su gasto político en un 2.000 %.
Opinión28 de mayo de 2026Christian BissoChristian Bisso

EDITORIAL_28052026


El reciente llamado del Gobierno provincial a los equipos técnicos de las tres ciudades de Tierra del Fuego no fue más que un burdo ejercicio de semántica política. Intentar convencer a las ciudades de que la retención de fondos coparticipables no es tal, y que los sistemáticos atrasos son meras contingencias administrativas, roza el cinismo. 

Con argumentos desgastados y una alarmante falta de autocrítica, los funcionarios del gabinete de Gustavo Melella desplegaron un manual de excusas que solo busca camuflar la verdadera realidad de las finanzas fueguinas: un descalabro cuya máxima responsabilidad política tiene nombre y apellido.

Para entender la gravedad de la coyuntura actual, es imperativo desmantelar el relato melellista. Si bien nadie niega el impacto asfixiante de las decisiones macroeconómicas que emanan de la Casa Rosada bajo el signo de Javier Milei y Luis Caputo, el colapso de las cuentas públicas locales no puede explicarse únicamente por el contexto nacional. La mayor cuota de responsabilidad le cabe, pura y exclusivamente, a la administración de Gustavo Melella.

La falta de un plan de contingencia previsor desnudó la miopía estratégica de un gobernador que no supo -o no quiso- anticipar que Tierra del Fuego estaría en la primera línea de fuego del ajuste central.

En lugar de blindar la provincia con gestión y previsibilidad, Melella optó por el encierro y un discurso refractario. Esa intransigencia, lejos de aportar soluciones o canales de diálogo, terminó por desatar el mayor caos institucional y financiero que registre la joven historia de Tierra del Fuego.

Y para argumentar este análisis, basta con observar los principales indicadores económicos y financieros de la provincia que arrojan un resultado alarmante: no hay un solo cuadrante que resulte positivo para Tierra del Fuego, desde que gobierna Melella. Escucha con atención.

Tierra del Fuego tuvo durante el último año una caída del 15,3 % en la actividad económica general de la provincia, lo que la posiciona como el distrito con mayor retroceso del país según informes recientes.

Además, nuestra provincia tiene una tasa de desocupación del 6,6 %, de acuerdo a las estadísticas del INDEC, consolidándose como el segundo registro de desempleo más alto de toda la región patagónica. Tiene una tasa de pobreza del 22,6 %, lo que equivale a más de 41.400 personas por debajo de la línea de pobreza y la tasa de indigencia llegó al 4,3 %, afectando de manera directa a unos 7.800 fueguinos que no llegan a cubrir la Canasta Básica Alimentaria. 

Tierra del Fuego encabeza el ranking de las provincias con mayor déficit financiero, registrando un desequilibrio equivalente al 16,4 % de sus ingresos totales. Mientras los ingresos provinciales crecieron a un ritmo muy bajo, el gasto público total real de la provincia trepó un 33,5 % en los cuatro últimos meses, configurando una de las subas más altas del país.

Además, la gestión de Gustavo Melella registra altísimos retrasos en el envío de coparticipación a los municipios, con índices sin comparación en el resto del país. Le debe así a la Municipalidad de Ushuaia un acumulado de $ 12.000 millones y ante el Municipio de Río Grande, presenta una deuda de $ 17.000 millones. En ambos casos, las demoras en la remesa superan los 35 días. 

Desde que gobierna Melella, nuestra provincia se ubica año tras año entre las cinco provincias de la Argentina que menos exportaciones concretaron, con cifras menores a los 400 millones de dólares.  A su vez, somos -lamentablemente- la tercera provincia del país que menor evolución de creación de empresas empleadoras tuvo durante los últimos 12 meses: la retracción es del 6 %. 

Tierra del Fuego sufrió una contracción estimada de su recaudación propia durante el primer trimestre equivalente al 4,8 %. Se ubica quinta entre las seis provincias de peor desempeño del país. Son datos aportados por el Ministerio de Economía de la Nación, ya que la provincia es la única que no da a conocer cifras estadísticas permanentes. 

Por otro lado, somos la segunda provincia del país donde menos creció el trabajo por cuenta propia. Durante el último año, la medición se ubicó en un magro 12,5 %, acomodándose solo por delante de la vecina provincia de Santa Cruz.

Tierra del Fuego es la provincia del país con mayor número de empleados estatales. La vergonzosa estadística nos pone a la cabeza del ranking nacional con 141 empleados públicos provinciales cada 1.000 habitantes, triplicando el promedio nacional y casi cuadruplicando a Córdoba, la provincia con mejor índice, con apenas 32 empleados cada 1.000 habitantes.

Desde que gobierna Gustavo Melella, su gestión incrementó el gasto político un 2.000 %. Según la consultora de riesgo Moody’s, el gasto político en 2021 era de $ 41.000 millones y en la actualidad, ronda los $ 868.000 millones. 

Por último, para cerrar esta lista vergonzosa de fracasos de Melella, te cuento que Tierra del Fuego es la provincia argentina que durante los últimos cinco años tuvo la segunda peor variación del Valor Agredo Bruto, con una retracción del 14,8 %, solo superada por Santa Cruz.

Frente a esta radiografía del colapso, queda al desnudo el primer gran pecado de esta administración: la absoluta impericia de Gustavo Melella a la hora de gestionar lo público. No estamos ante una crisis imprevista; estamos ante las consecuencias directas de una alarmante falta de idoneidad.

Un gobierno que triplica el promedio nacional de empleo estatal, que aumenta el gasto político un dos mil por ciento y que, al mismo tiempo, destruye la creación de trabajo en el ámbito privado, no está gestionando; está improvisando sobre las cenizas de la provincia.

La impericia se traduce de esta manera en ceguera estratégica: Melella se dedicó a dilapidar recursos en épocas de vacas gordas y careció por completo de un plan de contingencia cuando el viento cambió.

Esta misma incapacidad técnica y administrativa deviene en una cruda realidad territorial: la imposibilidad absoluta de ofrecerle algo real, concreto y cumplible a los municipios. Las mesas técnicas convocadas no son más que puestas en escena dialécticas para ganar tiempo.

¿Qué solución genuina puede ofrecer un Ejecutivo asfixiado por su propio déficit, que le adeuda $ 12.000 millones a Ushuaia y $ 17.000 millones a Río Grande? Con retrasos que superan los 35 días, la provincia pretende licuar sus deudas estirando los plazos, asfixiando la obra pública local y los servicios básicos de las tres ciudades. No hay propuestas viables en el horizonte de Melella, simplemente porque no hay recursos financieros ni solvencia moral para sostener ninguna promesa.

A este combo de ineficiencia interna se le suma una diplomacia política suicida. La torpeza de haberse peleado innecesariamente con el gobierno nacional representa un costo altísimo que hoy pagamos todos los fueguinos.

En un contexto macroeconómico hostil, donde la Casa Rosada ejecuta un ajuste feroz que le pega de lleno a nuestra provincia, la estrategia madura exigía tender puentes, negociar con firmeza, pero con pragmatismo y blindar los intereses de Tierra del Fuego. 

En lugar de eso, Melella eligió la trinchera ideológica, el discurso refractario y el aislamiento. Esa bravuconada adolescente no debilitó a la Nación; nos condenó a quedar en la primera línea de fuego del recorte central, sin interlocutores válidos ni canales de diálogo abiertos. Fue, lisa y llanamente, un error de cálculo imperdonable.

Ante este escenario catastrófico, las preguntas caen por su propio peso y exigen respuestas urgentes: ¿Cómo se piensa sostener la gestión en lo que queda de mandato? ¿Con qué recursos va a funcionar el Estado provincial los próximos meses si la recaudación propia sigue en picada y la actividad económica lidera el retroceso nacional?

¿Qué va a pasar con la salud, la educación y la seguridad cuando el desbocado gasto político termine de devorarse los últimos pesos de la coparticipación? ¿Van a seguir agigantando deudas o estirando la agonía de los municipios hasta que el sistema productivo fueguino termine de quebrar de manera irreversible? El tiempo corre, las respuestas no aparecen y la incertidumbre es total.

Los números no mienten y la realidad de la calle, tampoco. A este ritmo de improvisación, déficit récord y peleas inconducentes, la suerte ya está echada. Gustavo Melella no solo perdió el rumbo, sino que hizo todos los méritos posibles para el peor de los finales.

Porque a este ritmo de descalabro, el gobernador compró absolutamente todos los boletos para que su gestión sea recordada, sin atenuantes, como la peor de toda la historia de Tierra del Fuego.

Te puede interesar