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title: "Pactar para ganar, chocar para gobernar: la trampa de la unidad forzada"
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description: "El llamado a la unidad proclamado desde el peronismo fueguino evidencia una clara grieta entre el discurso y la praxis política. Frente a alianzas puramente electorales que anulan el debate, la ciencia política y la realidad fueguina advierten que forzar el consenso conduce a la parálisis."
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date_published: "2026-08-18T17:20:00-03:00"
date_modified: "2026-08-18T13:14:42-03:00"
author_name: "Christian Bisso"
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category_name: "Opinión"
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# Pactar para ganar, chocar para gobernar: la trampa de la unidad forzada

![editorial_18082026](/download/multimedia.normal.9175b0a54fb1561c.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

El discurso que resuena una y otra vez desde el entorno del presidente del Partido Justicialista fueguino, **Walter Vuoto**, insiste en una consigna recurrente: la necesidad imperiosa de la unidad. Sin embargo, la práctica cotidiana muestra lo contrario. Se exige cohesión hacia afuera, pero se ejerce la exclusión hacia adentro. Se predica la suma de partes, pero se practica el sometimiento del discrepante.

Esta contradicción no pasó desapercibida. Recientemente, el analista político **Luis Castelli** lo sintetizó con claridad en declaraciones a **Costo Político**: las convocatorias a la unidad que no se traducen en gestos reales de apertura terminan siendo vacías. Se apela a la unidad como un eslogan publicitario o un salvavidas electoral, pero se obtura cualquier espacio de debate genuino que le dé contenido.

La pregunta de fondo para Tierra del Fuego es inevitable: ¿Es esta unidad un hecho probable que beneficie a la ciudadanía, o estamos ante una quimera construida para preservar cuotas de poder de la dirigencia política?

La teoría política ofrece respuestas contundentes sobre los riesgos de forzar acuerdos puramente cosméticos. La prestigiosa politóloga y analista internacional **Chantal Mouffe**advierte que la democracia necesita del “conflicto legítimo” y de “proyectos bien diferenciados”. Intentar borrar las diferencias a la fuerza construye una ilusión de consenso que asfixia la representación. Cuando la política se reduce a un pacto de cúpulas para que nada cambie, los ciudadanos pierden alternativas reales y se alimenta la antipatía.

Por su parte, el politólogo argentino **Ernesto Laclau** señalaba que la unidad total es “un mito”. Un proyecto político con sentido requiere definir prioridades y dar respuesta a demandas concretas, no disolver las identidades en una mixtura amorfa. Pretender homogeneizar al peronismo fueguino sin discutir el rumbo socioeconómico de la provincia y sus posibles soluciones convierte a la “unidad” en una cáscara vacía.

El pragmatismo de sumar votos para ganar una elección suele confundir el éxito en las urnas con la capacidad de gestión. El teórico italiano **Giovanni Sartori** analizó en profundidad las “coaliciones heterogéneas” armadas solo para triunfar: al carecer de coincidencia ideológica, el primer día de gobierno aparece el poder de veto de cada sector. El resultado es, a mediano plazo, la parálisis institucional y la ingobernabilidad.

En esa misma línea, el sociólogo mexicano **Juan Linz** explicó cómo en los sistemas personalistas las alianzas forzadas para construir mayorías electorales terminan siendo sumamente frágiles. Al momento de repartir el poder o tomar decisiones complejas, la falta de cohesión estalla en crisis internas que terminan perjudicando a la sociedad.

Finalmente, el polítologo argentino **Guillermo O'Donnell** alertó sobre los peligros de estos “pactos de conveniencia” a corto plazo. Cuando se prioriza la urgencia aritmética por sobre las convicciones, se destruye la rendición de cuentas ante el electorado. La ciudadanía percibe que las alianzas se arman a sus espaldas, debilitando la confianza en las instituciones democráticas.

La tan mentada “unidad” que reclama el círculo íntimo de Vuoto no pasa de ser, hoy en día, una entelequia: un concepto idealizado que no encuentra correlato en los hechos. Si la propuesta consiste en amontonar dirigentes para conservar espacios sin saldar discusiones de fondo, la unidad no es más que una trampa electoral de alto costo.

Cabe preguntarse entonces si la sociedad fueguina está dispuesta a validar, una vez más, un pacto donde el único objetivo compartido es la victoria en las urnas. La experiencia histórica demuestra que las alianzas ensambladas por mera necesidad terminan implosionando cuando enfrentan la gestión diaria.

¿Tiene sentido hipotecar la gobernabilidad futura a cambio de un resultado electoral inmediato? El verdadero dilema no radica en estar unidos o divididos, sino en para qué y con qué principios se busca esa unión.

Una unidad construida sobre el silenciamiento del debate interno y la obediencia ciega no fortalece a la política, sino que la debilita. Cabe reflexionar si el camino hacia un proyecto sólido no exige, por el contrario, asumir las diferencias con madurez, dar discusiones de fondo y ofrecerle al electorado una alternativa transparente con ideas claras.

Queda abierta la inquietud para la ciudadanía y la propia militancia: se trata de aceptar el eslogan inequívoco de la “unidad” como una verdad indiscutible, o exigir propuestas sinceras que no escondan sus fisuras detrás de un abrazo de conveniencia.

En definitiva, forzar la cohesión cuando no existe coincidencia real es el camino más directo hacia la frustración colectiva.

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