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title: "Adorni, Milei y la erosión de la épica anti casta"
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description: "El Caso Adorni le pega de lleno a Javier Milei. Las sospechas de corrupción y nepotismo amenazan con devorar la “superioridad moral” de un gobierno que prometió terminar con los privilegios."
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date_published: "2026-05-08T22:30:00-03:00"
date_modified: "2026-05-08T23:33:03-03:00"
author_name: "Christian Bisso"
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category_name: "Opinión"
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# Adorni, Milei y la erosión de la épica anti casta

![editorial_08052026](/download/multimedia.normal.b6ca8f08eb221c00.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

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La narrativa de **Javier Milei**, construida sobre la dicotomía de “la casta contra el pueblo”, ha encontrado en el Caso Adorni su desafío ético más agudo.

Lo que comenzó como una serie de cuestionamientos por el nombramiento de su hermano, **Francisco Adorni**, como asesor en el Ministerio de Defensa con un sueldo inicial superior a los $ 2,6 millones, escaló hacia una investigación judicial sobre el patrimonio del jefe de gabinete y el origen de los fondos para la adquisición de propiedades no declaradas.

Hasta finales de 2025, la imagen de Milei gozaba de una resiliencia notable, manteniéndose en torno al 53% de aprobación tras la victoria en las elecciones legislativas. Sin embargo, los datos de mayo de 2026 muestran una erosión significativa.

De acuerdo a un promedio a partir del cálculo que realizaron varias consultoras de opinión, la imagen negativa del presidente ha escalado al 65%, mientras que sitúan su aprobación en un piso histórico del 35%.

El impacto no es solo una cuestión de formas, sino de coherencia. El contraste entre el ajuste real de los salarios estatales -que apenas subieron un 10% en lo que va del año- y el aumento de los sueldos jerárquicos del gabinete, que pasaron de 3,5 millones a más de 8 millones de pesos brutos en mayo de 2026, un incremento del 123%, ha golpeado el núcleo del discurso libertario.

Me parece importante desglosar aquí el fenómeno de la “fatiga del ajuste”. Hasta el primer trimestre de 2026, el capital simbólico de Milei se sustentaba en la idea de un “esfuerzo compartido”. Sin embargo, el Caso Adorni ha fracturado esa percepción.

Al revelarse que, mientras el gasto social per cápita se redujo un 18% en términos reales durante el último año, el presupuesto asignado a la Secretaría General de la Presidencia y sus dependencias directas creció un 25% por encima de la inflación, el argumento de la austeridad comenzó a percibirse como una herramienta selectiva.

Este desfasaje estadístico no es una mera cifra macroeconómica; se traduce en una pérdida de confianza de los sectores medios-bajos que confiaron en el presidente y su mensaje “anti casta”.

Por ejemplo, los sondeos de la consultora Isonomía sugieren que el votante “blando” de Milei, aquel que lo apoyó en el balotaje para terminar con los privilegios de la política, hoy siente que el “sacrificio” no es unidireccional.

La permanencia de Adorni en su cargo, pese a los cuestionamientos sobre los contratos de sus allegados y su propio ascenso de rango ministerial, ha provocado que el 70% de los jóvenes de entre 18 y 24 años -el núcleo duro original del movimiento- califique hoy la gestión de los recursos públicos como “opaca”.

Asimismo, el impacto en la imagen de Milei se ve agravado por la institucionalización del nepotismo. La defensa pública que el presidente ha hecho de su jefe de gabinete, calificándolo de “brillante” y “necesario”, contrasta con sus propios discursos de campaña de 2023, donde prometía leyes de ética pública que prohibieran explícitamente el nombramiento de familiares.

Al validar estas prácticas, Milei no solo daña su imagen personal, sino que erosiona la identidad de su propio partido, transformando a La Libertad Avanza en una estructura que, ante los ojos del electorado independiente, comienza a mimetizarse con las prácticas que juró combatir.

Pero lo de Adorni no la primera vez que pasa y seguramente no será la última. El caso se inserta en una larga tradición de nepotismo y discrecionalidad salarial en Argentina, pero su efecto es distinto debido a la promesa de origen.

El Caso Adorni remite inevitablemente al escándalo de los parientes de **Gerardo Morales** en Jujuy, con más de 25 familiares en el Estado, o a los nombramientos de la era kirchnerista, especialmente durante el segundo mandato de **Cristina Fernández**.

La diferencia radica en que, para el votante de Milei, la “pureza” administrativa era un activo innegociable, a diferencia de modelos anteriores donde la militancia justificaba la ocupación y el loteo del Estado.

En la región, la situación que se vive en el país se asemeja a las crisis de imagen de **Gabriel Boric** en Chile por el Caso Fundaciones, donde la promesa de una “nueva escala de valores” chocó con irregularidades administrativas, provocando caídas de 10 puntos en su aprobación en menos de un mes.

El Caso Fundaciones, destapado en junio 2023, investigó el traspaso irregular de fondos públicos desde las áreas de Vivienda a fundaciones privadas, principalmente ligadas al partido de Boric, Revolución Democrática. La trama implicó fraudes, cohecho y malversación, afectando la imagen del gobierno y provocando renuncias.

Pero en Europa también se cuecen habas. La situación de Adorni evoca el caso de **Boris Johnson** y el “Partygate”, un escándalo político donde se reveló que el entonces primer ministro y su personal celebraron fiestas y reuniones sociales en Downing Street durante los estrictos confinamientos por COVID-19.

Johnson fue multado por la policía, mintió al Parlamento sobre los hechos y finalmente dimitió tras la pérdida de confianza interna y el informe de la comisión que encontró que engañó deliberadamente a la Cámara. En aquel momento, el caso provocó altísima repercusión porque no fue solo la falta ética lo que se cuestionó, sino la percepción de que existía una regla para los ciudadanos, que remitía a la austeridad y el encierro y otra para la élite gobernante.

El Caso Adorni ha logrado lo que la crisis económica no pudo: desplazar la inflación como principal preocupación de una parte del electorado, colocando a la corrupción -50,3% de las opiniones- en el centro del debate, según encuestas recientes.

La supervivencia política de Adorni hoy depende exclusivamente de la voluntad personal de Javier Milei. No obstante, la pregunta que queda flotando en el aire es: ¿Puede un modelo basado en el sacrificio de la sociedad civil sostenerse cuando sus rostros más visibles son percibidos como nuevos beneficiarios del sistema?

Porque si Milei decide desplazar a Adorni, admite que su círculo íntimo está contaminado por la “casta”, debilitando su propia autoridad. Pero si lo mantiene, acepta que su gestión ha entrado en una fase de pragmatismo cínico, donde la lealtad personal vale más que la coherencia ideológica.

Esta parálisis decisoria es lo que mantiene la imagen presidencial en una tendencia declinante que, de no revertirse, podría comprometer la gobernabilidad en la segunda mitad de su mandato.

La comparación internacional nos enseña que el mayor peligro para los líderes “anti sistema” no es el fracaso económico -muchas veces atribuido a la “herencia”- sino la pérdida de la superioridad moral.

Al igual que ocurrió en Brasil con los escándalos que rodearon al clan Bolsonaro, la sospecha sobre el entorno familiar y los beneficios directos del Estado actúan como un ácido que corroe la épica del cambio.

El Caso Adorni no es, por tanto, un ruido mediático pasajero, sino la prueba de fuego de si el gobierno es capaz de auto depurarse o si terminará siendo una versión más joven de lo que intentó reemplazar.

Finalmente, las interrogantes que quedan abiertas son de naturaleza estructural: ¿Es posible gobernar la Argentina sin recurrir a las redes de contención y favores que definen a su burocracia? ¿O es que el sistema es tan intrínsecamente coordinado que termina devorando incluso a sus más fervientes detractores?

Lo que esta crisis viene a plantearnos es si el experimento Milei fue una ruptura real con el pasado o simplemente un cambio de nombres en la administración de los mismos privilegios de siempre.

Y el interrogante que yo me planteo a diario es si el Caso Adorni es un hecho aislado de gestión o si representa la cristalización de una nueva casta que, con diferente retórica, habita las mismas estructuras de privilegio.

El faro que se apaga: la ética libertaria sacrificada por la lealtad política

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